martes 28 de diciembre de 2010

UN AGUJERO

Se empieza a hurgar entre los dedos de los pies con el índice de su mano derecha. Con la otra mano se sujeta el pie. Está pensando en sus cosas. Echa la vista atrás y todos esos tópicos. Hace balance y eso. Piensa en el campo cuando era un niño y en las chicas de su vida. En películas que ha visto. En realidad no te creas que es tan interesante. No como para escribir un libro ni nada de eso, piensa. Lo típico. Mala generación. No lucharon demasiado, no viajaban mucho. Bueno, trabajaron y se casaron. Casi todos tuvieron hijos. Alguna infidelidad, a las esposas, al modo de vida, nada importante. Eso sí, todo el mundo tiene sus evasiones, sus secretos. Ahora esta separado. Eso también es muy de su generación. Lástima de películas de amor. Nos tomaron bien el pelo. Vale, en todo caso, enciende la tele y hacen un programa muy molón ( aunque tiene casi cuarenta años, todavía utiliza este tipo de expresiones). Es un concurso en el que varios aspirantes a fantásticos premios, tienen que engañar a una chica joven para que los elija para ser su pareja. Televisiones con TDT, cohes de lujo y un apartamento de vacaciones. Caramba, no está nada mal. Antes no veía tanto la tele, pero es que ahora está enfermo. Nada muy grave, pero ya no tiene muchas ganas de salir. Total, nunca había salido demasiado.
Él era un hombre normal. Compraba el periódico y ese tipo de cosas. Pero un día se levanta con una idea en la cabeza. Y se toma un café y sabe que tiene en la cabeza una gran obra maestra. Y esa idea es un agujero en el suelo. Un agujero gigante. Como no se ha visto nunca. La mayor obra de arte. Así que sale a la calle y se toma otro café y compra todo lo necesario. Compra una pala y compra un cubo y compra una fontal y compra una cuerda y compra un pico. Y se mira las manos y dice: están son las manos que harán el agujero. Estas manos están echas para hacer el agujero. Y se pone a ello. Y la gente, al principio, no dice nada. Pero luego dice: pobrecito, está loco. Y dice: debe sentirse muy solo. Pero el sigue cavando. Y piensa que por fín sabe lo que tiene que hacer y piensa en lo que dirán todos cuando acabe el agujero. Y el agujero cada vez es más grande y la gente se asombra de lo grande que es. Algunos pasan por delante y lo aplauden. Y otros toman fotos. Y él piensa: aquí ya casi cabe un tren. Es mi obra maestra. Y de repente la gente empieza a dejar donativos y a dejar comida y regalos. Y la prensa hace reportajes. Y llega un día en que el agujero es realmente profundo. Y primero encuentra arena y después encuentra tierra y después encuentra agua y después otra vez arena. Encuentra muchas cosas. Y piensa: ésto me da fe. Y: soy como una estrella del rock. Y se acuerda por un momento de su vida antes del agujero. Su vida antes de la obra maestra. Y casi no se acuerda. Y piensa en qué hará después del agujero. Y no sabe que hará. A lo mejor un viaje. Y piensa en su trabajo y no puede entender como podía ir a trabajar. Cómo hacía eso. Y piensa en su vida antes del agujero y no entiende cómo podía vivir así. Y se pregunta si llegará al otro lado. Y que habrá al otro lado. Y la gente dice: HAZLO. LLEGA AL OTRO LADO. Pero eso todavía está lejos. Para eso queda mucho trabajo. Las cosas no se hacen de la noche a la mañana. Y la gente dice: VAS A LLEGAR HASTA EL MISMÍSIMO INFIERNO. Pero eso son habladurías. Por que el infierno no existe.

2 comentarios:

Alba Casanova dijo...

me encanta. de verdad. me encantan las historias de agujeros.

david pascual huertas dijo...

has vuelto!!