
Buenos Aires me ha recibido con los brazos tan abiertos que casi me daba miedo oír crac.
Mañana celebro mi primer mes en Buenos Aires. Y me siento como si llevara aquí años.
No sé si es lo que me esperaba o es otra cosa distinta o un poco las dos cosas. Pero es mejor.
Como si llevase toda la vida esperando pasar por aquí en algún momento. Levantarme a echar unos bailes. Suena exagerado? Yo que sé. Igual es una exageración.
Pero me encanta Buenos Aires.
Música, mucha música. Y librerías gigantes y pequeñas y viejas. Y Lore, Sofi, Sara y Edu que me han acogido como si fueran mi familia.
Y bastante vino. Aunque aún no he decidido si soy de Malbec o de Cavernet. Supongo que seré de los dos. Como toda la vida.
Y a veces pasan cosas rarísimas. Que eso es muy importante. He conocido a un taxista que es amigo de Valdano y que antes era millonario y el otro día me bebí unos chupitos con un méjicano que me dijo:
sabes quién era Toni Montana? Pues yo antes era así. Y me contó toda su historia en la mafia. Pagó él los chupitos y me pasé la mitad del tiempo sin saber si me iba a partir la cara. Creo que le gusté. En plan amigo, digo. no nos acostamos ni nada.
Ni besitos.
Y voy a una lavandería de chinos que hablan con acento argentino.
Sobrevivo de tocar y trabajar más bien poco, hago mis primeras incursiones en el tango y empiezo a conocer todos los tugurios nocturnos que hacen risa.
Y algunos hacen mucha risa.
Si que es un poco como te lo imaginas. Pero mejor.
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